DOMESTICACIÓN DE LA VID

Al final de la edad de piedra, en el Neolítico, el hombre deja de ser nómada, para transformarse en cazador-recolector. Es aquí donde ocurren los primeros indicios de agricultura, hace unos 10 mil años atrás.


Los primeros lugres de cultivo fueron los suelos volcánicos del Tauro, montañas de Turquía, montañas del Cáucaso y Zargos persas. Entre 7.000 y 6.000 años a.C, se inicia la domesticación (poda) y cultivo de la vid, y se produce además una evolución genética progresiva de la vitis silvestris a vitis vinífera. Durante el tercer milenio antes de Cristo, la viticultura se consolida en Asia Menor, Mesopotamia, Egipto, Palestina y Grecia.


En Egipto se desarrolló una viticultura importante, donde el vino tenía fines funerarios y ceremoniales tanto para reyes como para faraones. Se sabe que las zonas vitícolas se situaban en el Bajo Egipto, junto al Nilo. Donde comenzaron a emplear técnicas de poda y conducción, además de poseer sistemas de pisado y prensado de uvas.




En las antiguas civilizaciones, el vino era consumido solo por la elite, políticos y religiosos. Privilegio que se fue expandiendo gracias a que se generaron las rutas comerciales, que fueron clave para su expansión.


Los pueblos de Oriente llevaron consigo metales valiosos, principalmente cobre y estaño, generando los primeros encuentros sistemáticos entre Oriente y Occidente, donde también se intercambiaban estacas de vides (parte de la vid que se puede volver a plantar).


Finalmente el imperio Romano se encarga de difundir la viticultura a través de todo el imperio. Siendo estos los primeros en escribir tratados de viticultura. Así, con el comercio, intercambio y trueque, se mueve la vid cultivada de igual manera hacia el sur del mundo.

Muchos años más adelante, con el descubrimiento de América y las nuevas rutas marítimas, llevaron consigo el cultivo de la vid a Sudáfrica y nuestro continente.

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